San Fernando-LAB

LABORATORIO CIUDADANO

Desde parte del profesorado de la Escuela Municipal de Danza de San Fernando( EMDSF). Como empleados municipales sentimos la necesidad de abrir un Laboratorio Ciudadano, un espacio de producción de proyectos y prácticas artísticas colaborativas que desarrolle la innovación ciudadana, posibilite el derecho a la participación en cultura de la ciudadanía y que contribuya al desarrollo de la ciudad.


¿Que es un Laboratorio Ciudadano?

En primer lugar, un laboratorio ciudadano es una nueva forma de institución, en la que predominan la apertura, la accesibilidad y la posibilidad de reapropiación. Frente al carácter dirigido y la rigidez de los modelos institucionales que conocemos, en un laboratorio ciudadano las personas pueden realizar propuestas y convertirse así en productoras (de sus propias ideas o las de otras personas) en lugar de consumidoras (de algo predeterminado por la institución). Además, en un laboratorio suceden cosas imprevistas, es una propuesta flexible y permeable que trata de adaptarse a quienes llegan a él y no viceversa. En este sentido, un laboratorio ciudadano es un espacio accesible, en el que se minimizan los requisitos para poder participar y se ofrecen múltiples formas de hacerlo: no hay una única manera de vincularse y estar en el laboratorio, hay muchas y algunas de ellas no están determinadas previamente, sino que surgen en el propio proceso.

En segundo lugar, un laboratorio ciudadano es un espacio para el encuentro de diferentes actores que colaboran en el desarrollo de una idea compartida (por ejemplo, crear una red de cuidados entre vecinos del barrio o construir unas barras para hacer deporte en el parque). Es imprescindible que este encuentro esté caracterizado por la diversidad de quienes participan, que pueden ser personas a título individual pero también colectivos (formales o informales), entidades, instituciones, etc. La forma en que el laboratorio entiende esta diversidad no es identitaria (no se busca a las personas para que participen según sus características: mayores, mujeres, etc.) sino que se sitúa en el centro aquello que las personas pueden tener en común: mejorar su ciudad o su pueblo, conocer a otras personas del barrio interesadas en la misma idea, compartir lo que se sabe sobre un tema, aprender sobre ese mismo tema... Se generan así ejes de diversidad que determinan la potencialidad de los equipos que se forman en el laboratorio: personas cuyos perfiles o inquietudes se sitúan en mundos diferentes (artístico, técnico, científico, social, etc.), con diferentes conocimientos previos (expertos, principiantes, etc.) y con diferentes grados de implicación (mayor o menor tiempo y dedicación). Un laboratorio ciudadano es por tanto un espacio que conecta ideas, personas, recursos e instituciones que tienen intereses comunes (por ejemplo, un ayuntamiento, un colectivo ciudadano y un grupo de padres y madres que trabajan para que los niños del barrio puedan realizar el trayecto a pie hasta su colegio de manera autónoma y segura).

En tercer lugar, retomando la idea de priorizar aquello que las personas tienen en común y no su identidad, otro de los elementos que caracteriza la participación en un laboratorio ciudadano es su conexión con su entorno más próximo. Con relación a este aspecto, se trata de poner en valor la cultura de proximidad, priorizando el encuentro y la cooperación entre diferentes actores vinculados a un mismo contexto (un barrio, un pueblo, una organización, etc.). El laboratorio es por tanto una herramienta para escuchar y observar lo que sucede en estos contextos, tratando de identificar las necesidades, deseos, recursos y fortalezas de la comunidad que se podrían poner en juego para desarrollar ideas colectivas.

En cuarto lugar, para llevar a cabo estas ideas, en el marco del laboratorio se trabaja de una manera específica, desde las lógicas de la experimentación y el prototipado. Este es uno de los rasgos más característicos y relevantes de la propuesta de un laboratorio ciudadano, pues implica priorizar el proceso frente al resultado, acoger la incertidumbre y sostenerla colectivamente y relacionarse directamente con el error, entendiéndolo como un recurso más para el aprendizaje. La experimentación, por su carácter abierto, tentativo e incluso lúdico, permite aglutinar los saberes diversos de todas las personas participantes y favorece así la cooperación y la creación de vínculos, particularmente de confianza y reciprocidad.

En quinto lugar, la articulación de actores diversos en torno al desarrollo de una idea común genera un gran volumen de conocimiento. Un laboratorio ciudadano no es solo un espacio en el que esta producción de conocimiento es posible, sino que también es una herramienta para que el conocimiento generado continúe circulando una vez que el laboratorio haya terminado y pueda ser útil así en otros contextos. Para ello se trabaja desde los principios de la cultura libre (libertad para copiar, distribuir, modificar y mejorar las creaciones de otras personas), documentando el trabajo realizado en el desarrollo de cada idea.

En sexto y último lugar, el posicionamiento conceptual y los rasgos principales que hemos señalado responden al propósito fundamental de un laboratorio ciudadano: crear comunidades de aprendizaje y de práctica. Estas comunidades pretender ser espacios en los que ensayar colectivamente formas de autogestión, producción de conocimiento y convivencia, pues en un laboratorio participan personas que, en su mayoría, no se conocen y no han elegido trabajar juntas, y por tanto es necesario llevar a cabo un aprendizaje de la relación con los demás. Todo ello con el objetivo de mejorar las condiciones para la vida en común en nuestros barrios, nuestros pueblos o nuestras instituciones; en definitiva, en aquellos lugares próximos y significativos para quienes los habitan.

¿Por qué necesitamos laboratorios ciudadanos en las instituciones en este momento?

La crisis social y sanitaria provocada por la irrupción de la COVID-19 ha visibilizado lo que hace tiempo se venía señalando desde planteamientos como los ecofeministas: ninguna vida se sostiene sola, la interdependencia nos constituye (dependemos de otros seres humanos, pero también del mundo material y de la naturaleza). Todos los seres vivos compartimos la vulnerabilidad, no como debilidad sino como aquello que, al necesitarnos unos a otros, nos permite vincularnos, aliarnos y apoyarnos.

Si tenemos la potencialidad de crear redes para actuar colectivamente, necesitamos espacios públicos en los que poder desarrollar esa fortaleza; necesitamos instituciones en las que recuperar, intercambiar y poner en valor los conocimientos que cada persona posee; necesitamos infraestructuras y recursos para desarrollar respuestas sólidas y cuidadosas a los problemas que nos preocupan, así como también para mantener aquellas cosas que ya están bien. Como se ha señalado, las lógicas institucionales no facilitan, en términos generales, la cooperación. Este es uno de los motivos por los que, tal y como demuestra la actual pandemia, las instituciones tienen límites muy claros para contribuir al sostenimiento de la vida.

Ante esta situación, la propuesta de los laboratorios ciudadanos se desarrolla en dos niveles interrelacionados: un espacio para el encuentro entre personas diversas y una metodología para el cambio institucional. El trabajo conjunto de la ciudadanía y las instituciones fortalece las comunidades fomentando la sostenibilidad de las mismas, pues es la propia comunidad la que detecta sus necesidades y define sus problemas, así como la que puede ofrecer soluciones poniendo en valor los saberes, habilidades y recursos de las personas directamente afectadas. Todo este bagaje ciudadano tiene un mayor alcance cuando se une al conocimiento, los recursos y la legitimidad de las instituciones, que en su labor de acompañamiento pueden así reforzar los procesos comunitarios.

Desde hace varias décadas vivimos en un contexto sociopolítico marcado por la incertidumbre. En este momento histórico esta dinámica es aún más acentuada. Ante esta situación, los laboratorios ciudadanos proponen una transformación institucional que permita instaurar la confianza entre las instituciones y la ciudadanía. En tiempos de fragmentación social, los laboratorios ciudadanos invitan a experimentar para recuperar la reciprocidad y el apoyo mutuo y tramar así vínculos duraderos que sostengan las vidas desde la proximidad.